Visite también......

viernes, 30 de noviembre de 2007

Sobre la poesía

habría un par de cosas que decir/
que nadie la lee mucho/
que esos nadie son pocos/
que todo el mundo está con el asunto de la crisis mundial/y

con el asunto de comer cada día/se trata
de un asunto importante / recuerdo
cuando murió de hambre el tío juan/
decía que ni se acordaba de comer y que no había problema/

pero el problema fue después/
no había plata para el cajón/
y cuando finalmente pasó el camión municipal para llevárselo
el tío juan parecía un pajarito/

los de la municipalidad lo miraron con desprecio o
desdén/murmuraban
que siempre los están molestando/
que ellos eran hombres y enterraban hombres/ y no
pajaritos como el tío juan/ especialmente

porque el tío estuvo cantando pío-pío todo el viaje hasta el
crematorio municipal/
y a ellos les pareció un irrespeto y estaban muy ofendidos/
y cuando le daban un palmetazo para que se callara la boca/
el pío-pío volaba por la cabina del camión y ellos sentía que
les hacía pío-pío en la cabeza/el

tío juan era así/le gustaba cantar/
y no veía por qué la muerte era motivo para no cantar/
entró al horno cantando pío-pío/salieron sus cenizas y piaron
un rato/
y los compañeros municipales se miraron los zapatos grises
de vergüenza/ pero

volviendo a la poesía/
los poetas ahora la pasan bastante mal/
nadie los lee mucho/esos nadie son pocos/
el oficio perdió prestigio/ para un poeta es cada día más difícil

conseguir el amor de una muchacha/
ser candidato a presidente/que algún almacenero le fíe/
que un guerrero haga hazañas para que él las cante/
que un rey le pague cada verso con tres monedas de oro/

y nadie sabe si eso ocurre porque se terminaron las
muchachas/los almaceneros/los guerreros/los reyes/
o simplemente los poetas/
o pasaron las dos cosas y es inútil
romperse la cabeza pensando en la cuestión/

lo lindo es saber que uno puede cantar pío-pío
en las más raras circunstancias/
tío juan después de muerto/yo ahora
para que me quieras/


Juan Gelman

Un regalo de la Tierra





Dhar Ry meditaba a solas, sentado en su habitación.
Desde el exterior le llegó una onda de pensamiento equivalente a una llamada. Dirigió una simple mirada a la puerta y la hizo abrirse.

—Entra, amigo mío -dijo-. Podría haberle hecho esta invitación por telepatía pero, estando a solas, las palabras resultaban más afectuosas.

Ejon Khee entró.

—Estás levantado todavía y es tarde.

—Sí, Khee, dentro de una hora debe aterrizar el cohete de la Tierra y deseo verlo.

Ya sé que aterrizará a unas mil millas de distancia, si los cálculos terrestres son correctos. Pero aun cuando fuese dos veces más lejos, el resplandor de la explosión atómica seguirá siendo visible.

He esperado mucho este primer contacto. Aunque no venga ningún terrícola en ese cohete, para ellos será el primer contacto con nosotros. Es cierto que nuestros equipos de telepatía han estado leyendo sus pensamientos durante muchos siglos, pero este será el primer contacto físico entre Marte y la Tierra.

Khee se acomodó en el escabel.

—En efecto -dijo-. Últimamente no he seguido las informaciones con detalle. ¿Por qué utilizan una cabeza atómica? Sé que suponen que nuestro planeta está deshabitado, pero aun así...

—Observan el resplandor a través de sus telescopios para obtener... ¿Cómo lo llaman? Un análisis espectroscópico. Eso les dirá más de lo que saben ahora (o creen saber, ya que mucho es erróneo) sobre la atmósfera de nuestro planeta y de la composición de su superficie. Es como una prueba de puntería, Khee. Estarán aquí en persona dentro de unas conjunciones de nuestros planetas. Y entonces...

Marte se mantenía a la espera de la Tierra. Es decir, lo que quedaba: una pequeña ciudad de unos novecientos habitantes. La civilización marciana era más antigua que la de la Tierra, pero había llegado a su ocaso y esa ciudad y sus pobladores eran sus últimos vestigios. Deseaban que la Tierra entrara en contacto con ellos por razones interesadas y desinteresadas al mismo tiempo.

La civilización de Marte se había desarrollado en una dirección totalmente diferente de la terrestre. No había alcanzado ningún conocimiento importante en ciencias físicas ni en tecnología. En cambio, las ciencias sociales se perfeccionaron hasta tal punto que en cincuenta mil años no se había registrado un solo crimen ni producido más que una guerra. Habían también experimentado un gran desarrollo en las ciencias parasicológicas, que la Tierra apenas empezaba a descubrir.

Marte podía enseñar mucho a la Tierra. Para empezar, la manera de evitar el crimen y la guerra. Después de estas cosas tan sencillas, seguían la telepatía, la telekinesis, la empatía...

Los marcianos confiaban en que la Tierra les enseñara algo de más valor entre ellos: restaurar y rehabilitar un planeta agonizante, de modo que una raza a punto de desaparecer pudiera revivir y multiplicarse de nuevo.

Los dos planetas ganarían mucho y no perderían nada.

Y esa noche era cuando la Tierra haría su primera diana en Marte. Su próximo disparo, un cohete con uno o varios tripulantes, tendría lugar en la próxima conjunción, es decir, a dos años terrestres o cuatro marcianos. Los marcianos lo sabían, porque sus equipos telepáticos podían captar los suficientes pensamientos de los terrícolas como para conocer sus planes.

Desgraciadamente a tal distancia la comunicación era unilateral. Marte no podía pedir de la Tierra que acelerase su programa, ni informar a sus científicos acerca de la composición de la atmósfera de Marte, objetivo de ese primer lanzamiento.

Aquella noche, Ry, el jefe (traducción mas cercana de la palabra marciana), y Khee, su ayudante administrativo y amigo mas íntimo, se hallaban sentados y meditando hasta que se acercó la hora. Brindaron entonces por el futuro con una bebida mentolada, que producía a los marcianos el mismo efecto que el alcohol a los terrícolas, y subieron a la terraza.

Dirigieron su vista al norte, en la dirección donde debía aterrizar el cohete. Las estrellas brillaban en la atmósfera.


En el observatorio número 1 de la luna terrestre, Rog Everett, mirando por el ocular del telescopio de servicio, exclamó triunfante:

—¡Explotó, Willie! Cuando se revelen las películas, sabremos el resultado de nuestro impacto en este viejo planeta Marte.

Se incorporó, pues de momento no hacía mas que observar y estrechó la mano de Willie Sanger. Era un momento histórico.

—Espero que el cohete no haya matado a nadie. A ningún marciano, quiero decir, Rog. ¿Habrá hecho impacto en el centro inerte de la Gran Syrte?

—Muy cerca, en todo caso. Yo diría que a unas mil millas al sur. Y eso es puntería para un disparo a cincuenta millones de millas de distancia... Willie, ¿ crees que habrá marcianos?

Willie lo pensó un segundo y respondió:

—No.

Tenía razón.



Fredric Brown

Tú me quieres blanca

Tú me quieres alba,
Me quieres de espumas,
Me quieres de nácar.
Que sea azucena
Sobre todas, casta.
De perfume tenue.
Corola cerrada

Ni un rayo de luna
Filtrado me haya.
Ni una margarita
Se diga mi hermana.
Tú me quieres nívea,
Tú me quieres blanca,
Tú me quieres alba.

Tú que hubiste todas
Las copas a mano,
De frutos y mieles
Los labios morados.
Tú que en el banquete
Cubierto de pámpanos
Dejaste las carnes
Festejando a Baco.
Tú que en los jardines
Negros del Engaño
Vestido de rojo
Corriste al Estrago.

Tú que el esqueleto
Conservas intacto
No sé todavía
Por cuáles milagros,
Me pretendes blanca
(Dios te lo perdone),
Me pretendes casta
(Dios te lo perdone),
¡Me pretendes alba!

Huye hacia los bosques,
Vete a la montaña;
Límpiate la boca;
Vive en las cabañas;
Toca con las manos
La tierra mojada;
Alimenta el cuerpo
Con raíz amarga;
Bebe de las rocas;
Duerme sobre escarcha;
Renueva tejidos
Con salitre y agua;
Habla con los pájaros
Y lévate al alba.
Y cuando las carnes
Te sean tornadas,
Y cuando hayas puesto
En ellas el alma
Que por las alcobas
Se quedó enredada,
Entonces, buen hombre,
Preténdeme blanca,
Preténdeme nívea,
Preténdeme casta.

Alfonsina Storni

jueves, 29 de noviembre de 2007

Caperucitas blancas


En memoria de José Couso, porque nos volvimos más ciegos cuando sus ojos se apagaron.

Una niña hasta hacía poco, ahora cuajada en mujer, moldeada por quince primaveras, Fátima era la mayor de las dos hermanas. La pequeña Azraa, a sus doce años, era todavía un incipiente brote femenino, delicado y menudo.

Noviembre agotaba sus días y hacía cuatro que habían empezado las fiestas del fin del Ramadán, el mes sagrado del ayuno. Ese jueves la ilusión se asomaba a los rostros de ambas hermanas, porque irían a cenar a casa de su abuela, y pasarían la noche con ella. Habría puchero y berenjena rellena, y después los dulces de pistacho y de miel, y antes de dormir las historias de la ‘yadda’ Jazmina ―la abuelita―, llenas del encanto de otros tiempos, cuando en los mercados de Baaquba competían entre sí los colores de los frutos, las especias, las telas y las alfombras, y los asnos eran amigos resignados de los hombres, y los pájaros hablaban con los niños, y eran alegres y eran parlanchines y traían noticias de lugares exóticos.

La madre preparó una cesta con los pastelillos para el postre. Pero la abuela había expresado el temor de no disponer de leña suficiente, así que las pequeñas debían pasar antes por el huerto del tío Abbash, que siempre tenía preparada una reserva de leños y sarmientos, y había dado licencia a la familia para recoger de su finca todo aquello que fuera necesario. Para llegar al huerto era obligado atravesar un trecho boscoso; no era cosa de permitir que las sorprendiera la noche y, puesto que la tarde ya se había insinuado, las niñas se pusieron con diligencia en camino. La pequeña llevaba apoyada contra su cintura la cesta con los dulces, y la mayor se hizo cargo de dos piezas de tela destinadas a sujetar la leña y de un hacha pequeña para trocear los sarmientos.

Ya en la finca, llevó más tiempo del previsto preparar los vástagos para adecuarlos al tamaño de la menor de las muchachas, y las sombras no esperaron. Ante el asomo de la noche, las niñas iniciaron el regreso en dirección a la casa de la abuela, cada una con su hatillo a la espalda, la menor abriendo paso, con la cesta de los pasteles en su regazo, seguida de cerca por su hermana.

A menos de cincuenta metros de allí, Lobo Feroz Dos miraba por el visor de infrarrojos e informaba de la escena a su compañero. En el sendero que lindaba con el bosque, dos siluetas blanquecinas se recortaban en la oscuridad en contraste con la espesura, y los pañuelos que cubrían sus cabezas las perfilaban como dos caperucitas que se movían avanzando deprisa. La mayor parecía sujetar una pistola en su mano.

―Lobo Feroz Uno llamando a Halcón Pardo, ge-pe-ese delta sur uno doce, oeste cero quince. Dos sospechosas a la vista, parecen llevar armas. Esperamos instrucciones. Cambio.

―Halcón Pardo a Lobo Feroz. Ya conocen las consignas. Cambio.

―Parecen dos niñas― apuntó Lobo Feroz Dos.

―Lobo Feroz Uno a Halcón Pardo. Es posible que se trate de dos menores. Solicitamos refuerzos para comprobación. Cambio.

―Sargento, le recuerdo que estamos en la Operación Martillo de Hierro. Debe proceder según la consigna. Cambio y corto.

―Hemos de disparar― dijo Lobo Feroz Uno a Lobo Feroz Dos.

―Pero... ― balbuceó éste.

―Órdenes. Encárgate del objetivo de la izquierda, yo tiraré sobre el derecho.

La cabeza de Fátima se quebró como se rompe el fruto del granado cuando se lo arroja con fuerza contra el suelo. Con su velo blanco, había sido Caperucita Blanca; mientras se desplomaba, fue Caperucita a topos rojos; poco tiempo después, bajo los focos luminosos, era Caperucita Roja, yaciendo sobre la hierba del lindero del bosque, ya para siempre dormida, sus intensos ojos negros abiertos en un gesto último de asombro irracional. A su lado, la pretendida pistola no era sino el hacha nimia que le había servido de herramienta.

Cerca de ella Azraa, acribillada, se debatió en el suelo durante un tiempo entre espasmos y dentelladas de dolor. Desprendido el pañuelo, varias manchas teñían de carmín sus cabellos, que hasta entonces habían sido siempre de un azabache casi mineral.

La fase siguiente de la «Operación Martillo de Hierro» se puso en marcha. Uno de los confidentes convocados reconoció a las muchachas e indicó a los soldados la situación de la cercana casa de la abuela, en los andurriales de la ciudad.

La puerta cedió ante el explosivo, y saltó arrancada de cuajo junto con sus goznes. Disipado el humo, los soldados pudieron distinguir a una anciana enmudecida por el terror y desplomada sobre su cama. Se registró la casa. Dos humildes cuchillos de cocina fueron las únicas armas encontradas.

Cuando al día siguiente fueron lavados los cuerpos de las niñas, el agua sanguinolenta se desparramó por el patio y discurrió por albañales hasta verter en el río Tigris. Días más tarde, en la orilla izquierda de la corriente a un rosal le brotarían rosas algo más rojas, y un limonero daría limones amargos en la ribera derecha.

La sangre de las niñas se entremezcló en el río en un postrero abrazo fraternal. El sol hizo luego su labor de horno y partículas de sangre de Fátima y de Azraa ascendieron asidas al agua evaporada. Desde entonces, los atardeceres son algo más escarlata en la tierra que otrora fue Mesopotamia, y en todo el orbe resuena el eco milenario de las palabras del Antiguo Testamento, dichas para los oídos de los violentos: «Caín, ¿qué has hecho de tu hermano?».


P. Crespo

Nota: Las hemerotecas son del 29 de diciembre de 2003.



¡Felicitaciones, Juan Gelman, por el Premio Cervantes!

Condecoraciones

Condecoraron al señor general,
condecoraron al señor almirante,
al brigadier, a mi vecino
el sargento de policía,

y alguna vez condecorarán al poeta
por usar palabras como fuego,
como sol, como esperanza,
entre tanta miseria humana,
tanto dolor
sin ir más lejos.

Juan Gelman

La luna pudo detenerse al fin...



"La luna pudo detenerse al fin

por la curva blanquísima de los caballos"

Los anteriores son los primeros versos del poema lorquiano Crucifixión. El manuscrito está fechado el 24 de octubre del 29, seis días antes de que tuviera lugar en los Estados Unidos de Norteamérica el cataclismo económico del 29.

Lorca escribió Poeta en Nueva York durante su estancia de nueve meses en Nueva York, entre los años 1929 y 1930. En el invierno de 1935, en un tiempo que pasó en Barcelona, dejó el borrador original, del que no tenía copia, a su amigo Miguel Benítez, que lo guardó en el interior de un ejemplar de su propiedad de El Romancero gitano.

Una bruma de incertidumbre, a la que seguramente no fue ajena la convulsión de la Guerra Civil española, se cierne después sobre la suerte del manuscrito, que estuvo al parecer perdido durante años.

Sabemos que Lorca lo reclamó a su amigo mediante dos cartas incorporadas al lote de la subasta. "Queridísimo Miguel. Estoy poniendo a máquina mi libro de Nueva York para darlo a la prensa el próximo mes de octubre; te ruego encarecidamente me mandes a vuelta de correo el poema Crucifixión puesto que tú eres el único que lo tienes y yo me quedé sin copia. Desde luego irá en el libro dedicado a ti. Por primera vez en mi vida dicto una carta que está escrita por mi secretario. Miguel, ten la bondad de ser bueno y mandarme ese poema, porque es de los mejores que llevará el libro".

No hubo respuesta, ni a esta ni a otra carta posterior. Después del asesinato de Federico, el 18 de agosto de 1936, nadie supo más. Las primeras ediciones de Poeta en Nueva York en 1940 no lo incluyen. Ni la de Norton, en Estados Unidos, ni la de Séneca, en México.

En la copia del borrador que el poeta dejó sobre la mesa de su amigo el editor José Bergamín (96 páginas mecanografiadas, 26 manuscritas, con 32 poemas y fotografías para ilustraciones), figura la indicación de que el poema debe ser incluido en la parte VII, "Vuelta a la ciudad" (a la que pertenece el poema "posteado" ayer) con el añadido "Crucifixión y hay que pedir el original a D. Miguel Benítez". Al no recuperarse, el poema no pudo ser incluído en las primeras ediciones de Poeta en Nueva York. Bergamín tampoco informó según parece acerca de las instrucciones de Lorca. El editor publicó Poeta en Nueva York en México en 1940. Sabemos algo del itinerario que siguió la documentación entregada por Lorca para el libro: en 1979 una actriz mejicana, Manola Saavedra, recibió el documento de manos de una amiga de Bergamín. Y esta era la propietaria del mismo que lo ofreció en subasta a través de Christie's. Los herederos de Lorca reclamaron derechos sobre el documento, pero un tribunal de Londres dio la razón a la propietaria accidental del mismo.

El poema apareció en letra impresa en 1950, cuando el poeta canario Agustín Millares lo presentó (junto con las dos cartas mencionadas) en una revista, Planas de Poesía, publicada en Mallorca.

A partir de entonces, la familia Millares se hace cargo del manuscrito que hoy sale a subasta. Según los propietarios, herederos de Agustín Millares, han decidido dar el paso porque su estado de conservación "corría riesgos". También aseguran que previamente se pusieron en contacto con la Fundación García Lorca y con la Biblioteca Nacional por si lo querían, pero que no recibieron respuestas.

Laura García Lorca cuenta que los contactos se produjeron cuando ella no era responsable de la Fundación. También lo confirman en el Ministerio de Cultura, donde efectivamente confirman que hubo un ofrecimiento a la Biblioteca Nacional en época de Carmen Calvo. Rogelio Blanco, director general del Libro entonces y ahora, cuenta su versión: "Efectivamente nos lo ofrecieron, pero por una cantidad cuatro veces más elevada que la que sale mañana en la subasta". La cifra les pareció desorbitada.

Lorca pensaba que Crucifixión era fundamental para el libro . Su aspecto original, con las cuartillas ya carcomidas por el paso del tiempo, le convierten en todo un objeto de deseo para el mundo lorquiano.

La pregunta ahora es si el nuevo original, recién adquirido por el Ministerio de Cultura, se reunirá o no con sus hermanos en la Fundación García Lorca. El futuro siempre despeja incógnitas, aunque a veces se toma su tiempo.

"Y la tierra despertó arrojando
temblorosos ríos de polilla"

(así termina el poema)

miércoles, 28 de noviembre de 2007

New York - Oficina y denuncia


Debajo de las multiplicaciones
hay una gota de sangre de pato.
Debajo de las divisiones
hay una gota de sangre de marinero.
Debajo de las sumas, un río de sangre tierna;
un río que viene cantando
por los dormitorios de los arrabales,
y es plata, cemento o brisa
en el alba mentida de New York.
Existen las montañas, lo sé.
Y los anteojos para la sabiduría,
lo sé. Pero yo no he venido a ver el cielo.
He venido para ver la turbia sangre,
la sangre que lleva las máquinas a las cataratas
y el espíritu a la lengua de la cobra.
Todos
los días se matan en New York
cuatro millones de patos,
cinco millones de cerdos,
dos mil palomas para el gusto de los agonizantes,
un millón de vacas,
un millón de corderos
y dos millones de gallos
que dejan los cielos hechos añicos.
Más vale sollozar afilando la navaja
o asesinar a los perros en las alucinantes cacerías
que resistir en la madrugada
los interminables trenes de leche,
los interminables trenes de sangre,
y los trenes de rosas maniatadas
por los comerciantes de perfumes.
Los patos y las palomas
y los cerdos y los corderos
ponen sus gotas de sangre
debajo de las multiplicaciones;
y los terribles alaridos de las vacas estrujadas
llenan de dolor el valle
donde el Hudson se emborracha con aceite.
Yo denuncio a toda la gente
que ignora la otra mitad,
la mitad irredimible
que levanta sus montes de cemento
donde laten los corazones
de los animalitos que se olvidan
y donde caeremos todos
en la última fiesta de los taladros.
Os escupo en la cara.
La
otra mitad me escucha
devorando, cantando, volando en su pureza
como los niños en las porterías
que llevan frágiles palitos
a los huecos donde se oxidan
las antenas de los insectos.
No es el infierno, es la calle.
No
es la muerte, es la tienda de frutas.
Hay un mundo de ríos quebrados y distancias inasibles
en la patita de ese gato quebrada por el automóvil,
y yo oigo el canto de la lombriz
en el corazón de muchas niñas.
óxido, fermento, tierra estremecida.
Tierra tú mismo que nadas por los números de la oficina.
¿Qué voy a hacer, ordenar los paisajes?
¿Ordenar los amores que luego son fotografías,
que luego son pedazos de madera y bocanadas de sangre?
No, no; yo denuncio,
yo denuncio la conjura
de estas desiertas oficinas
que no radian las agonías,
que borran los programas de la selva,
y me ofrezco a ser comido por las vacas estrujadas
cuando sus gritos llenan el valle
donde el Hudson se emborracha con aceite.

Federico García Lorca - (Poeta en Nueva York) Dedicado a Fernando Vela.

Hoy leo la noticia de que el Ministerio de Cultura de España ha recuperado el manuscrito Crucifixión de Federico García Lorca, en una subasta de Sotheby's de Londres. Queda así completa la colección de originales de Poeta en Nueva York, al haberse obtenido ya (año 2003, en la casa Christie's de Londres, adquirida por la Fundación García Lorca) el volumen de manuscritos originales con excepción del citado.

Crucifixión había sido entregado por García Lorca a su amigo Miguel Benítez, pero no consiguió recuperarlo para la edición del libro Poeta en Nueva York.

Autofelicitación a propósito de mi cumpleaños

Felicidades, hombre,

que naciste,

ni en trece ni en martes,

de un año no singular,

hace ya bastante tiempo.

Felicidades,

semifracasada arquitectura

de barro y agua salada.

Felicidades,

que te queda un año menos.

Felicidades, hombre a medias,

porque estás a medias muerto.


P. Crespo


(No es que sea mi cumpleaños, pero he desenterrado --vaya, qué coincidencia-- esta pieza a la vista de lo angustiadillos que parecemos estar....)

Para ikiru, con ecos de Quevedo

Canción del Este

A la vuelta de la esquina
un ángel invisible espera;
una vaga niebla, un espectro desvaído
te dirá algunas palabras del pasado.
Como agua de acequia, el tiempo
cava en ti su arduo trabajo
de días y semanas,
de años sin nombre ni recuerdo.
A la vuelta de la esquina
te seguirá esperando vanamente
ése que no fuiste, ése que murió
de tanto ser tú mismo lo que eres.
Ni la más leve sospecha,
ni la más leve sombra
te indica lo que pudiera haber sido
ese encuentro. Y, sin embargo,
allí estaba la clave
de tu breve dicha sobre la tierra.


Álvaro Mutis (Colombia, 1923)


De nuevo Quevedo

REPRESÉNTASE LA BREVEDAD DE LO QUE SE VIVE Y CUÁN NADA PARECE LO QUE SE VIVIÓ

"¡Ah de la vida..!" ¿Nadie me responde?
¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido,
las Horas mi locura las esconde.

¡Que sin poder saber cómo ni adónde
la salud y la edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde.

Ayer se fue, mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto:
soy un fue, y un será, y un es cansado.

En el hoy y mañana y ayer, junto
pañales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difunto.

El fin

El profesor Jones había trabajado en la teoría del tiempo a lo largo de muchos años.
-Y he encontrado la ecuación clave –dijo un buen día a su hija-. El tiempo es un campo. La máquina que he fabricado puede manipular, e incluso invertir, dicho campo.
Apretando un botón mientras hablaba, dijo:
-Esto hará retroceder el tiempo el retroceder hará esto –dijo, hablaba mientras botón un apretando.
-Campo dicho, invertir incluso e, manipular puede fabricado he que máquina la. Campo un es tiempo el. –Hija su a día buen un dijo-. Clave ecuación la encontrado he y.
Años muchos de largo lo a tiempo del teoría la en trabajado había Jones profesor el.
Fin el


Fredric Brown ( USA, 1906 - 1972)


Recuerdo de tres mujeres saharauis

Esmula, Keltum, Suelma: tres mujeres
de la cercana y entrañable Africa.
Cada vez que recorren los caminos
de polvo sus sandalias,
despiertan una nube voladora
que llega hasta Canarias:
siroco isleño, hermano
rojo polen de Africa.
Vuestra tierra es la nuestra; la llevamos
en el pelo, en las uñas, en el alma...

Hoy los sirocos llegan mensajeros
del amargo destierro y de las lágrimas.
Yo pensé este poema
cuando estuve en el Sáhara
y vi que las mujeres
también sabían disparar armas.

"Cuando perece un hombre
se ha quebrado una espada;
si muere una mujer
muere el yunque y la fragua.
El hombre es hoy y ayer,
la mujer es mañana.
Que ella vierta su sangre
sobre el sagrado Sáhara
cuando alumbra una vida,
nunca cuando se apaga."

Pedro Lezcano (Las islas y el amor)

martes, 27 de noviembre de 2007

Mariposa nocturna (haiku)

Devuelve a la desnuda rama,
nocturna mariposa,
las hojas secas de tus alas.

José Juan Tablada (México, 1871 - 1945)

Gustavo

Sobre todo tu risa,
tu inmensa carcajada
llenándome la pieza de veranos.

Sobre todo, una noche,
tu alegría
despertando los pájaros,
las ganas,
los poemas leídos trago a trago.

Hermano mío,
hijo,
compañero,
Gustavo.

Me dijeron
que cuando te llevaban a la muerte
todos los compañeros y vos
iban cantando.

Iban cantando,
iban
seguramente maltrechos, torturados,
iban
tal vez llenos de miedo,
tal vez sabiendo bien a dónde iban,
iban
con marcas de picana, con dolores
terribles,
con ahogos,
con costras en la piel,
con sangre en la camisa,
con espanto.

Pero iban
marchando junto a vos.
Quiero decir que iban
cálidamente llenos de Gustavo,
por eso (me gusta suponerlo)
todos iban cantando.

Humberto Costantini

Hombre preso que mira a su hijo

Cuando era como vos me enseñaron los viejos
y también las maestras bondadosas y miopes
que libertad o muerte era una redundancia
a quien se le ocurriría en un país
donde los presidentes andaban sin capangas

que la patria o la tumba era otro pleonasmo
ya que la patria funcionaba bien
en las canchas y en los pastoreos

realmente no sabían un corno
pobrecitos creían que libertad
era tan solo una palabra aguda
que muerte era tan solo grave o llana
y cárceles por suerte una palabra esdrújula

olvidaban poner el acento en el hombre

la culpa no era exactamente de ellos
sino de otros más duros y siniestros
y estos si
como nos ensartaron
en la limpia república verbal
como idealizaron
la vidurria de vacas y estancieros
y como nos vendieron un ejército
que tomaba su mate en los cuarteles

uno no siempre hace lo que quiere
uno no siempre puede
por eso estoy aquí
mirándote y echándote
de menos

por eso es que no puedo despeinarte el jopo
ni ayudarte con la tabla del nueve
ni acribillarte a pelotazos

vos ya sabés que tuve que elegir otros juegos
y que los jugué en serio

y jugué por ejemplo a los ladrones
y los ladrones eran policías

y jugué por ejemplo a la escondida
y si te descubrían te mataban
y jugué a la mancha
y era de sangre

botija aunque tengas pocos años
creo que hay que decirte la verdad
para que no la olvides

por eso no te oculto que me dieron picana
que casi me revientan los riñones
todas estas llagas hinchazones y heridas
que tus ojos redondos
miran hipnotizados
son durísimos golpes
son botas en la cara
demasiado dolor para que te lo oculte
demasiado suplicio para que se me borre

pero también es bueno que conozcas
que tu viejo calló
o puteó como un loco
que es una linda forma de callar

que tu viejo olvidó todos los números
(por eso no podría ayudarte en las tablas)
y por lo tanto todos los teléfonos

y las calles y el color de los ojos
y los cabellos y las cicatrices
y en qué esquina
en qué bar
qué parada
qué casa

y acordarse de vos
de tu carita
lo ayudaba a callar

una cosa es morirse de dolor
y otra cosa es morirse de vergüenza

por eso ahora
me podés preguntar
y sobre todo
puedo yo responder

uno no siempre hace lo que quiere
pero tiene el derecho de no hacer
lo que no quiere

llora nomás botija
son macanas
que los hombres no lloran
aquí lloramos todos

gritamos berreamos moqueamos chillamos
maldecimos
porque es mejor llorar que traicionar
porque es mejor llorar que traicionarse

llora
pero no olvides.

Mario Benedetti

Nota: Atribuido en su día por error a Juan Gelman, un comentario de 'masca' nos aclara que el poema anterior es de Mario Benedetti, y que pertenece a un apartado de su libro "Poemas de otros" llamado "Trece hombres que miran".  Y también que existe una versión musicalizada por Pablo Milanés. Gracias mil, masca!

Discurso de Juan Gelman

Señora secretaria de Cultura de la Nación
Autoridades de la Secretaría
Miembros del jurado del Premio Nacional de Poesía 1994-1997
Amigos
Señoras y señores:

Este acto me parece paradigmático. En un país al que se le están rompiendo las costuras, suponiendo que haya estado revestido contra el plan económico genocida en curso; que navega en una crisis social notoria, aunque el señor presidente de la Nación no la vea o no la quiera ver; que atraviesa una crisis tal vez más grave, la crisis de la credibilidad en su propio ser como pueblo ante el vaciamiento de las promesas de soberanía y justicia social que votó y este Gobierno incumplió; que padece ya como futuro previsible la represión -física y no- de sus aspiraciones, como repetición de un pasado ominoso; en este país y no en otro hoy se premia a la poesía. Nada pudo nunca ni podrá jamás cortar el hilo humano de la poesía, ése que nos continúa desde el fondo de los siglos como nuestra belleza posible.

Agradezco profundamente este premio al jurado que lo otorgó. Estuvo integrado por pares que no se guiaron por consideraciones políticas o de otra índole para desviar su independencia de criterio. Es el premio de poesía más antiguo de América y recibirlo en compañía de Rodolfo Alonso y Santiago Sylvester es un honor acompañante. Se estableció en 1914, cuando la Argentina brillaba con un fulgor que cantaron Rubén Darío y Leopoldo Lugones. La Argentina que no es hoy. Hoy los esbirros de la dictadura militar prolongan sus terrores paseando impunemente por las calles del país y por los cargos públicos, perdonados por dos presidentes civiles a quienes, que se sepa, ninguna víctima les dio el mandato de perdonar a los asesinos en su nombre. A las víctimas con vida de la dictadura militar y de sus prolongaciones civiles y neoliberales, a las víctimas que se ha dado en llamar desaparecido, a quienes resisten en los caminos de Jujuy y en las carpas de la Capital, dedico este premio. Me conmueve la presencia de tantos amigos en este acto y me hubiera gustado ver entre ellos a esos grandes escritores y poetas que fueron, pero son, Rodolfo Walsh y Paco Urondo, Haroldo Conti y Miguel Angel Bustos, caídos en combate contra la dictadura militar o torturados a muerte en alguno de los 356 campos de concentración de la dictadura militar. Y a mi hijo y a mi nuera, y a la hija o hijo de ambos. Pero no están y sólo podemos exigir justicia para ellos. Y verdad. Para los atenienses de hace veinticinco siglos el antónimo de olvido no era memoria, era verdad. La verdad de la memoria en la memoria de la verdad. Las dos son formas de la poesía extrema, esa que siempre insiste en develar enigmas velándolos. Alguien dijo que la poesía es la sombra de la memoria. Creo que, en realidad, la poesía es memoria de la sombra de la memoria. Por eso nunca morirá.

Muchas gracias.
Juan Gelman

(Discurso de Juan Gelman al recibir el Premio Nacional de Poesía, 19 de Junio de 1997)

La vida

The tragedy of Macbeth

Act V, Scene V

To-morrow, and to-morrow, and to-morrow,
Creeps in this petty pace from day to day,
To the last syllable of recorded time;
And all our yesterdays have lighted fools
The way to dusty death. Out, out, brief candle!
Life’s but a walking shadow; a poor player,
That struts and frets his hour upon the stage,
And then is heard no more: it is a tale
Told by an idot, full of sound and fury,
signifying nothing.

William Shakespeare

La tragedia de Macbeth

Acto V, Escena V

El mañana y el mañana y el mañana
avanzan a pequeños pasos, de día en día,
hasta la última sílaba del tiempo recordable;
y todos nuestros ayeres han alumbrado a los locos
el camino hacia el polvo de la muerte. . . ¡Extínguete, extínguete, fugaz antorcha!. . .
¡La vida no es más que una sombra que pasa, un pobre cómico
que se pavonea y agita una hora sobre la escena,
y después no se le oye más. . . ; un cuento
narrado por un idiota con gran aparato,
y que nada significa! . . .

William Shakespeare

(Traducción: Luis Astrana Marín)

lunes, 26 de noviembre de 2007

" ¡Cómo os comprendo, Don Quevedo,cuando habláis de llamas
y de pasión! ¡Leedme, os suplico! : "

Amo, amas

Amar, amar, amar, amar siempre, con todo
el ser y con la tierra y con el cielo,
con lo claro del sol y lo oscuro del lodo :
Amar por toda ciencia y amar por todo anhelo.

Y cuando la montaña de la vida
nos sea dura y larga y alta y llena de abismos,
amar la inmensidad que es de amor encendida
¡y arder en la fusión de nuestros pechos mismos !


Rubén Darío (Guatemala, 1876 - 1916)

Quevedo -Soneto

AMANTE AGRADECIDO A LAS LISONJAS MENTIROSAS DE UN SUEÑO

¡Ay, Floralba! Soñé que te... ¿Dirélo?
Sí, pues que sueño fue: que te gozaba.
¿Y quién, sino un amante que soñaba,
juntara tanto infierno a tanto cielo?

Mis llamas con tu nieve y con tu yelo,
cual suele opuestas flechas de su aljaba,
mezclaba Amor, y honesto las mezclaba, (1)
como mi adoración en su desvelo.

Y dije: "Quiera Amor, quiera mi suerte,
que nunca duerma yo, si estoy despierto,
y que si duermo jamás despierte."

Mas desperté del dulce desconcierto;
y vi que estuve vivo con la muerte,
y vi que con la vida estaba muerto.

(1) Se refiere a Cupido en cuya aljaba es sabido que lleva dos clases de flechas: las de oro que inspiran el amor y las de plomo el desdén, el desdén del "yelo" de ella

El libro como cambio de paradigma

La profunda reflexión aportada por Alina sobre lo que el libro representa en la civilización humana hace que no me resista a incluir aquí, como contrapunto, esta muestra sobre lo que el libro, tal como ahora lo conocemos, supuso en su momento como cambio de paradigma:

El primer libro y la "Ayuda de Escritorio"

Nota: El idioma es noruego. Afortunadamente se incluyen los subtítulos.
Perdona ikiru, pero alguna vez nos teníamos que reír en este espacio, ¿no?
Bueno, si hay comentarios negativos, lo retiro....

Un libro, por cualquier otro nombre

"En el próximo siglo, no habrá más libros", escribió Lyotard veinte años antes de que terminara el siglo XX. El filósofo francés no se refería sólo a la desaparición del libro como objeto.

Todo el mundo sabe que las pantallas, las bases de datos e Internet tomaron funciones que los libros desempeñaban en el pasado. Una enciclopedia impresa sobre papel, por ejemplo, era un hipertexto real antes de que se inventara el hipertexto virtual. En ella el alfabeto impone su desorden y las búsquedas son como en una especie de google primitivo que dan sólo un resultado por vez. Pero, como en el hipertexto virtual, adivinamos que en invisibles y sucesivas pantallas habrá más palabras y más dibujos, mapas y fotografías.

"En el próximo siglo, no habrá más libros" es una profecía que anuncia que la cultura del Libro (con mayúscula, no sólo objeto sino símbolo) pertenece al pasado. Los judíos, los musulmanes, los cristianos, los comunistas, los nacionalistas y los socialistas giraron en torno a un libro sagrado, inspirado en ocasiones por Dios mismo. El Libro era una representación de la palabra entregada por Dios al mundo o de la Verdad que un filósofo había descubierto para emanciparlo. Tenía aura. Cuando Lyotard dicta sentencia al libro, lo que quiere decir es que esa aura sagrada no acompañará a los libros en el siglo XXI. Seguirá habiendo libros, pero ya no un Libro. Sin embargo, el fundamentalismo religioso, es decir la pretensión de extender a todos los hombres y mujeres prohibiciones o deberes que existen sólo para los creyentes, es un rasgo bien propio de este nuevo siglo y sería injusto considerarlo sólo un producto del Libro islámico.

Durante mucho tiempo, se pensó que a partir de ideas escritas en libros podía enunciarse un argumento sobre la "buena" sociedad y su gobierno. Por esta razón los libros, especialmente la literatura, la filosofía y la historia fueron decisivos en la formación de los estados modernos. Ese fue el caso de muchos países latinoamericanos, donde la república surgió como creación consciente de una voluntad intelectual nacional. Sarmiento había confiado a un libro, su Facundo, desentrañar las claves de los territorios que iban a organizarse como Argentina. Viajó a París y, según él mismo cuenta, se paseaba por las calles donde funcionaban las grandes revistas de la época con la pretensión de que ese libro fuera traducido y publicado. No era un gesto de simple egolatría sino un acto de convicción: conocer el enigma latinoamericano haría posible organizar un estado. Por eso, pensó también que Recuerdos de provincia era una de sus mejores credenciales para aspirar al gobierno. Alberdi escribió Las bases
como fundamento institucional de una futura república posible.

Después de ser presidente, Sarmiento fue director de Escuelas: el orden en que desempeñó uno y otro cargo indica que pensaba que la batalla por la educación era esencial. En efecto, las escuelas fueron un eje del programa republicano y, en muy pocas décadas, incorporaron a centenares de miles de inmigrantes, hijos de inmigrantes y criollos. No eran escuelas donde se respetara la diversidad cultural que esa gente traía de sus lugares de origen. El ideal republicano era culturalmente represivo: se buscaba construir un argentino, no un ser atravesado por el relativismo de todas las culturas. Pero construyéndolo, es decir alfabetizándolo, se le abrían también las posibilidades de la prensa política, del sindicalismo, de la literatura, de la canción popular, ya que el tango no es música folclórica tradicional sino música urbana, sostenida y hecha posible por una elaborada cultura musical y poética. Sin inmigración y sin escuela (sin conservatorios donde enseñaban maestros italianos) no tendríamos tango.

La escuela moderna fijó en la enseñanza de la lengua, de la historia y de la literatura nacional el programa de una educación masiva. Las universidades debían proporcionar una élite ilustrada dentro de la cual se irían aceptando a los mejores hijos de los más pobres. Hoy es francamente ilusorio mantener esta confianza. Por una parte, porque ya sabemos que las élites no se moldean tan fácilmente. Por otra parte, porque la escuela no tiene seguridades sobre aquello que debe transmitir; no sabe si debe seguir las peticiones de los padres o las fantasías de los alumnos. Y eso en el caso de que padres y alumnos estén en condiciones de presionar sobre ella. Porque también están las escuelas de los pobres, ésas que difícilmente puedan ignorar las carencias materiales porque les ponen un límite de hierro.

La crisis de las certidumbres de la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del XX forma parte de la revolución comunicativa que Lyotard anunciaba con el estallido de su provocación: "En el próximo siglo, no habrá más libros". Hablaba del siglo XXI y, por lo menos en esta primera década, sigue habiéndolos y se seguirán imprimiendo porque son parte de un vasto y millonario mercado mundial. Pero, valdría la pena detenerse a pensar qué quería decir realmente la frase. En este siglo XXI hay pantallas, blogs y periodismo en todos los formatos, incluso en el antiguo formato de los libros.

Texto del 19/11/2007
Beatriz Sarlo (Argentina, 1942)

Cortázar dicho por Cortázar (1)

Visto que el host pedroweb sigue vivaracho, damos entrada a Julio Cortázar por la puerta grande y con alfombra roja. Por entregas separadas podremos escuchar su charla en la Casa de las Américas de Cuba. Para empezar:

Introducción (formato mp3)

Un pequeño paraíso (formato mp3)

Bondiguitas con arroz (Flaco, disco 1) - Ni como agua de mayo (Sevillanas)

Ni como agua de mayo (por sevillanas)




Texte alternatif






Ni como agua de mayo
ni anillo al dedo
Ni como agua de mayo
ni anillo al dedo
ni anillo al dedo
nada ha habido en la historia
como Guillermo
nada ha habido en la historia
como Guillermo
como Guillermo
que ha traído la alegría
y nos quita el muermo
Nos quita el muermo
nos arrastra su risa
y cascabelito
De Mangui la sonrisa
¡olé mi niño!.

Qué nombre tan bonito
el que te han puesto
qué nombre tan bonito
el que te han puesto
el que te han puesto
Mas tan Pepe naciste
guapo y apuesto
mas tan Pepe naciste
guapo y apuesto
guapo y apuesto
que la gente te dice
Pepe pequeño
El más risueño
Nos arrastra su risa
y cascabelito
De Mangui la sonrisa
y ¡olé mi niño!.

Y por la noche duerme
como angelito
Y por la noche duerme
como angelito
como angelito
y cuando el sol se extiende
estás calladito
y cuando el sol se extiende
estás calladito
estás calladito
y ríes en silencio
lindo y bonito
Santo Guillermo
nos arrastra tu risa
cascabelito
De Mangui la sonrisa
y ¡olé mi niño!.

Nunca ha sido tan dulce
el frío invierno
Nunca ha sido tan dulce
el frío invierno
el frío invierno
ni suave como el pelo
de mi Guillermo
ni suave como el pelo
de mi Guillermo
de mi Guillermo
antes rizo ahora pincho
cepillo tierno
Ni como agua de mayo
ni anillo al dedo
nada ha habido en la historia
como Guillermo.


Autores: S. Abbad, J. Delgado. Canta Begoña.
Del disco Bondiguitas con arroz (Flaco).

Para escucharlo bien se recomienda hacerlo a través de altavoces activos de cierta calidad, o bien mediante auriculares, cuya respuesta es siempre mejor que la de los altavoces nativos del ordenador personal.

Nota de ayuda: ikiru, no he conseguido captar bien algunas frases. Completa la letra, por favor.
Y en el próximo disco no olvides incluirlas, please.

domingo, 25 de noviembre de 2007

La pena de muerte

Fui lapidada por adúltera. Mi esposo, que tenía manceba en casa y fuera de ella, arrojó la primera piedra, autorizado por los doctores de la ley y a la vista de mis hijos.
Me arrojaron a los leones por profesar una religión diferente de la del Estado.
Fui condenada a la hoguera, culpable de tener tratos con el demonio encarnado en mi pobre cuzco negro, y por ser portadora de un lunar en la espalda, estigma demoníaco.
Fui descuartizado por rebelarme contra la autoridad colonial.
Fui condenado a la horca por encabezar una rebelión de siervos hambrientos. Mi señor era el brazo de la Justicia.
Fui quemado vivo por sostener teorías heréticas, merced a un contubernio católico-protestante.
Fui enviada a la guillotina porque mis Camaradas revolucionarios consideraron aberrante que propusiera incluir los Derechos de la Mujer entre los Derechos del Hombre.
Me fusilaron en medio de la pampa, a causa de una interna de unitarios.
Me fusilaron encinta, junto con mi amante sacerdote, a causa de una interna de federales.
Me suicidaron por escribir poesía burguesa y decadente.
Fui enviado a la silla eléctrica a los veinte años de mi edad, sin tiempo de arrepentirme o convertirme en un hombre de bien, como suele decirse de los embriones en el claustro materno.
Me arrearon a la cámara de gas por pertenecer a un pueblo distinto del de los verdugos.
Me condenaron de facto por imprimir libelos subversivos, arrojándome semivivo a una fosa común.
A lo largo de la historia, hombres doctos o brutales supieron con certeza qué delito merecía la pena capital. Siempre supieron que yo, no otro, era el culpable. Jamás dudaron de que el castigo era ejemplar.
Cada vez que se alude a este escarmiento la Humanidad retrocede en cuatro patas.

María Helena Walsh (Argentina, 1930)

Nosotros

Nosotros
tenemos la alegría de nuestras alegrías
y también tenemos
la alegría de nuestros dolores
porque no nos interesa la vida indolora
que la civilización del consumo
vende en los supermercados
y estamos orgullosos
del precio de tanto dolor
que por tanto amor pagamos.
Nosotros
tenemos la alegría de nuestros errores,
tropezones que muestran la pasión
de andar y el amor al camino,
tenemos la alegría de nuestras derrotas
porque la lucha
por la justicia y la belleza
vale la pena también cuando se pierde,
y sobre todo tenemos
la alegría de nuestras esperanzas
en plena moda del desencanto,
cuando el desencanto se ha convertido
en artículo de consumo masivo y universal.
Nosotros
seguimos creyendo
en los asombrosos poderes
del abrazo humano.

Eduardo Galeano

El dinosaurio

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

Augusto Monterroso

Esta composición del escritor guatemalteco ha sido considerada durante muchos años como el relato más breve de la literatura universal.

sábado, 24 de noviembre de 2007

Opción

Vino una voz,
seguramente sería el Diablo,
o Dios,
porque me dijo,
hay que elegir, me dijo,
eso me dijo.
Pero a la voz le contesté,
no elijo,
yo no elijo, señor, dije
no elijo,
tengo un hambre multívora, caníbal,
un hambre atroz, total, incontenible
y quiero todo, dije,
el verso, el hijo,
así le dije, y dije
no transijo,
y aunque me parta en cuatro
bien claro se lo dije,
al Diablo, a Dios le dije,
eso le dije.

Humberto Costantini

Docencia

Una desconocida se enamoró de mí.
Dicen que fue anoche, oyéndome hablar sobre
Atenas.

Sin embargo, mientras hablaba
y mis palabras iluminaban su corazón
con el fulgor de antiguas virtudes griegas,
yo pensaba en las delicias de la pesca de
la trucha
y en la sombra oscilante del sauce en setiembre,
cuando se ha bebido mucho y sólo se desea
un buen sitio para dormir.

Llevo en esto muchos años.
¿Cómo esperar comprensión de una mujer
enamorada?


Santiago Kovadloff (Argentina, 1942)

Llorar

Fue en la selva, en la amazonia ecuatoriana. Los indios shuar estaban llorando a una abuela moribunda. Lloraban sentados, a la orilla de su agonía. Un testigo, venido de otros mundos, preguntó:

_ ¿Por qué lloran delante de ella, si todavía está viva?

Y contestaron los que lloraban:

_ Para que sepa que la queremos mucho.


Eduardo Galeano

F. García Lorca - Advertencia de la Tragicomedia de don Cristóbal y la señá Rosita

MOSQUITO.
¡Hombres y mujeres! Atención. Niño, cierra esa boquita, y tú, muchacha,siéntate con cien mil de a caballo. Callad, para que el silencio se quede más clarito, como si estuviese en su misma fuente. Callad para que se asiente el barrillo de las últimas conversaciones. (Tambor.) Yo y mi compañía venimos del teatro de los burgueses, del teatro de los condeses y de los marqueses, un teatro de oro y cristales, donde los hombres van a dormirse y las señoras... a dormirse también. Yo y mi compañía estábamos encerrados. No os podéis imaginar qué pena teníamos. Pero un día vi por el agujerito de la puerta una estrella que temblaba como una fresca violeta de luz. Abrí mi ojo todo to que pude -me lo quería cerrar el dedo del viento- y bajo la estrella, un ancho río sonreía surcado por lentas barcas. Entonces yo avisé a mis amigos, y huimos por esos campos en busca de la gente sencilla, para mostrarles las cosas, las cosillas y las cositillas del mundo; bajo la luna verde de las montañas, bajo la luna rosa de las playas.

Ahora que sale la luna y las luciérnagas huyen lentamente a sus cuevecitas, va a dar comienzo la gran función titulada Tragicomedia de don Cristóbal y la señá Rosita...
Preparaos a sufrir el genio del puñeterillo Cristóbal y a llorar las ternezas de la señáRosita que, a más de mujer, es una avefría sobre la charca, una delicada pajarita de las nieves. ¡A empezar! (Hace mutis, pero vuelve corriendo.) Y ahora... ¡viento!: abanica tanto rostro asombrado, llévate los suspiros por encima de aquella sierra y limpia las lágrimas nuevas en los ojos de las niñas sin novio.
Cuatro hojillas tenía Música mi arbolillo
y el aire las movía.
Mutación

Invitación a contemplar la luna


Tú que has visto las lunas literarias
que por las hojas de los libros ruedan,
ven a ver esta luna. Es una simple
luna de la naturaleza.

No digas se parece, no hagas una
metáfora, aunque sea
la justa, la inhallable, la que nunca
visitó el corazón de los poetas.

No cuelgues de su disco claro y puro
ningún cintajo literario. Sueña
que por primera vez abres los ojos
a una noche de luna y la contemplas.

Conrado Nalé Roxlo (Argentina, 1898 - 1971)

viernes, 23 de noviembre de 2007

Caminito


Caminito que el tiempo ha borrado,
que juntos un día nos viste pasar,
he venido por última vez,
he venido a contarte mi mal.
Caminito que entonces estabas
bordado de trébol y juncos en flor,
una sombra ya pronto serás,
una sombra lo mismo que yo.

Desde que se fue
triste vivo yo,
caminito amigo,
yo también me voy.
Desde que se fue
nunca mas volvió,
seguiré sus pasos,
caminito, adiós.

Caminito que todas las tardes
feliz recorrías cantando mi amor,
no le digas si vuelve a pasar
que mi llanto tu suelo regó.
Caminito cubierto de cardos,
la mano del tiempo tu huella borró;
yo a tu lado quisiera caer
y que el tiempo nos mate a los dos.

Letra: Gabino Coria Peñolaza
Música: Juan de Dios Filiberto

¿Por qué trajimos aquí esta referencia a Caminito?
Los restos mortales de Fernando Fernán-Gómez se velaron en el Teatro Español, situado en la Plaza de Santa Ana de Madrid. Se dispuso un a modo de teatrillo improvisado, con mesas de café en torno al féretro, cubierto éste con la bandera anarquista. Como colofón a la despedida se bailó el tango Caminito, uno de los preferidos del Fernán-Gómez, que cantó Enrique Morente.

Así nació la calle Museo Caminito

¿Quieren ver la calle?

Caminito, historias.

Para saber más sobre la obra de Fernando Fernán-Gómez

No es lo mismo bailar el tango Caminito que un tango en Caminito

El dado

No hizo nada más puro el intelecto
que esta cúbica nieve agusanada.
No hizo nada más sobrio, no hizo nada
más sencillo y más recto.

(Corros de manos mágicas y avaras
invocan -oh semilla de la suerte-
la rara veleidad de tus seis caras).

Calavera cubista. Matemática muerte.
Escultura a la idea y al acaso.
Pitágoras,
--------------retrato por
----------------------------Picasso.



Pedro Lezcano (de Consejo de Paz)

Aunque nacido Madrid, casi toda su vida transcurrió en Canarias, en la isla de Gran Canaria principalmente. Lo que más me fastidiaba es que me ganara al ajedrez. Pero en esa época era el único de las islas que figuraba con puntuación ELO en la FIDE (siempre es un consuelo).

Pero, ¿qué puedo decir yo de Pedro? Mis tíos Juan y Ana, tan amigos suyos, tampoco están ya. Será mejor que hable Wikipedia:

Sobre Pedro Lezcano

jueves, 22 de noviembre de 2007

Adiós, Maurice



Pero bueno, ¿cuánta gente se nos muere agolpada? Ahora es Maurice Béjart. Su coreografía del Bolero de Ravel (otro Maurice) es inolvidable:

Bolero de Ravel (coreografía de Béjart para hombre o mujer)

Y como las malas noticias también suelen presentarse en montón, el bailarín argentino Julio Bocca anunció que se retirará finalmente el 22 de diciembre de 2007 con un espectáculo al aire libre que se celebrará en Buenos Aires.

Tampoco ha de faltar aquí un recuerdo para Jorge Donn. Aunque el ballet El bolero fue diseñado inicialmente para bailarina, Jorge Donn lo interpretó por vez primera en 1979. Es memorable su interpretación de esa danza en la película Los Unos y los Otros de Claude Lelouch.

Muchas obras de Béjart fueron creados especialmente para él: Bhakti (1968), Nijinski, clown de Dios (1971), Golestan: el jardín de las rosas (1973), Lo que el amor me dice (1974), Nuestro Fausto (1975), Leda (1978), Adagietto (1981) y otras.

Desde 1976 era director artístico del Ballet del Siglo XX. En 1988 formó su propia compañía L'Europa Ballet que existió corto tiempo. Murió el 30 de noviembre de 1992 en Lausanne. Fue homenajeado por muchos coreógrafos: Maurice Bejart con su Ballet por la vida (o El presbiterio no ha perdido nada de su encanto ni el jardín de su esplendor), Denys Ganio (Tango... una rosa para Jorge Donn), Carolyn Carlson (Homenaje a Jorge Donn), Grazia Galante (Masticando Sueños).

Jugar por jugar

Sugiero que el más triste de los presos
tenga derecho a sábanas de seda;
bendita sea la boca que da besos

y no traga monedas.
Propongo corromper al puritano,
espiar en la ducha a las vecinas,
ir a quitarle al dios de los cristianos
su corona de espinas.
Nada de margaritas a los cuerdos,
hay que engañar a la melancolía
para bailar el vals de los recuerdos
llorando de alegría.
La vida no es un bloc cuadriculado
sino una golondrina en movimiento
que no vuelve a los nidos del pasado
porque no quiere el viento.
Se aconseja dormir a pierna suelta
lejos de tentaciones de diseño,
que no pase de largo por tu puerta
el hombre de tus sueños.
La rana esconde un príncipe encantado,
tu boca un agridulce de membrillo
¡qué ganas de un cursillo acelerado
de besos de tornillo!
Y jugar por jugar
sin tener que morir o matar,
y vivir al revés
que bailar es soñar con los pies.
Conviene entrar penúltimo en la meta
de la vuelta a la infancia en patinete
y fusilar al rey de los poetas
con balas de juguete.
Por qué no doctorarse en cremalleras
como hace la hormiguita por tu espalda
e hilvanar con jirones de banderas
braguitas rojigualdas.
Hacen falta cosquillas para serios,
pensar despacio para andar deprisa,
dar serenatas en los cementerio
muriéndose de risa.


Jugar por jugar (de Joaquín Sabina, canta con María Dolores Pradera)

Despedida

Nos dejó Fernando Fernán Gómez.

De los muchos que hablaron de él ayer, alguien cuyo nombre no recuerdo dijo que la noticia no era que hubiese muerto, sino que hubiera existido.

Y de una charla suya recojo, aunque no literalmente, una de las cosas que escuché:

"Me gustaría, con la autoridad que me conceden los años, aclarar algo a los jóvenes que creen que pueden cambiar el futuro, y es que el futuro pertenece a los que ya se han adueñado de él. Fin."

De María Dolores Pradera sonó en la radio un fragmento de una canción que no conocía y que me gustó. Me pareció que cantaba sola, sin los inseparables gemelos de siempre. Un rato de estos saldré de caza y la pondremos aquí.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Pájaros prohibidos

Los presos de la dictadura uruguaya no pueden dibujar ni recibir dibujos de mujeres embarazadas, parejas, mariposas, estrellas ni pájaros.

Didaskó Pérez, maestro de escuela, torturado y preso por tener ideas ideológicas,

recibe un domingo de 1976 la visita de su hija Milay, de cinco años.

La hija le trae un dibujo de pájaros. Los censores se lo rompen a la entrada de la cárcel.

Al domingo siguiente, Milay le trae un dibujo de árboles.

Los árboles no están prohibidos, y el dibujo pasa.

Didaskó le elogia la obra y le pregunta por los circulitos de colores que aparecen en las copas de los árboles, muchos pequeños círculos entre las ramas:

-"¿Son naranjas? ¿Qué frutas son?".

Y la niña lo hace callar

- Sssssshhhhhhh, y en secreto le explica:

-" Bobo, ¿No ves que son ojos?

Los ojos de los pájaros que te traje a escondidas."


Eduardo Galeano


Huellas

Una pareja venía caminando por la sabana, en el oriente del África, mientras nacía la estación de las lluvias. Aquella mujer y aquel hombre todavía se parecían bastante a los monos, la verdad sea dicha, aunque ya andaban erguidos y no tenían rabo.

Un volcán cercano, ahora llamado Sadiman, estaba echando cenizas por la boca. El cenizal guardó los pasos de la pareja, desde aquel tiempo, a través de todos los tiempos. Bajo el manto gris han quedado, intactas, las huellas. Y esos pies nos dicen, ahora, que aquella Eva y aquel Adán venían caminando juntos, cuando a cierta altura ella se detuvo, se desvió y caminó unos pasos por su cuenta. Después, volvió al camino compartido.

Las huellas humanas más antiguas han dejado la marca de una duda.

Algunos añitos han pasado. La duda sigue.


Eduardo Galeano (Uruguay, 1940).
Historiador y periodista que ha incorporado la poesía a la historia y al periodismo.



La cierta historia de «El patito feo»

Árbol (copia parcial). Lápiz. Serie «naturalezas quietas», num. 3
(P. Crespo)

Prefacio.

Con seguridad conocen ustedes el cuento del patito feo, ¿no es así? Pues bien, ya es hora de que lo vayan olvidando, porque se trata de una versión apócrifa, y aplico este adjetivo en la acepción que llegó a tener en su tiempo, antes de que San Jerónimo precisara el término, es decir en el sentido de herético y poco menos que maldito. Pues en verdad que son incontables los conjurados para hacernos creer que vivimos en el mejor de los mundos posibles. Pero yo puedo asegurarles que no es así, y que la realidad es ciertamente cruenta. Aunque ustedes sean de los que creen en la idea de los muchos mundos (o de los universos paralelos), tendrán que aceptar que si bien vivimos desde luego en uno de los mundos posibles, o de otro modo no estaríamos aquí diciendo esto ―lo cual está de acuerdo con el llamado en física principio antrópico―, la probabilidad de que se trate del mejor de los posibles, como proclamara Leibniz[1- Lo que no debe interpretarse como una declaración optimista, sino como el recurso último y casi desesperado por parte del filósofo para explicar la existencia del mal y de la imperfección en un mundo creado por Dios, al que suponía infinitamente bueno y todopoderoso.], es lógica y desdichadamente nimia. Yo podría ofrecerles montones de ejemplos para convencerles de por qué las cosas son de ese modo, pero ya me parece estar escuchando los «sí, pero…», porque eso es lo que me sucede siempre que argumento cualquier cosa. Así que nada mejor que dejar que sea un cuento el que ilustre el mensaje que trato de transmitirles. Aunque no lo crean, los cuentos pueden plasmar la realidad mejor que la propia meditación filosófica.

Este relato no es mío, quiero decir que no soy el autor del mismo. En cierto sentido, sin embargo, sí me pertenece, y por eso me creo investido del ascendiente para incluirlo aquí, ya que su autora me aseguró al regalármelo que había sido escrito para mí en exclusiva, junto con otros variados textos pensados para que me sirvieran de solaz durante las largas tardes en solitario que me esperaban a causa de un anunciado viaje de trabajo ya no recuerdo adonde ni para qué. No hace mucho reapareció cuando menos lo esperaba, como no es raro que suceda con estas cosas, del interior de una carpeta cerrada mediante cintas anudadas y acusando en su cubierta las mordeduras de los dientes del tiempo. Entenderán que no le añada firma.

El original es un manuscrito, de modo que lo transcribo. Así que dispónganse a conocer la verdadera y hasta ahora asfixiada historia de


El patito feo

Mamá gallina estaba impaciente. Los huevos empezaban, por fin, a moverse. Poco a poco las cáscaras se rompían, no sin trabajo, desde adentro. Fueron saliendo todos... Mamá gallina supervisaba en jefe corriendo agitada aquí y allá. Estirando mucho el cuello y con los ojos muy abiertos.

Mamá gallina lo miró desconcertada:

―Mon Dieu! dijo, pues era de muy buena familia...

El patito la miraba enamorado.

―¡Qué guapa es!

Mamá gallina dio una vuelta a su alrededor.

―Mon Dieu! Mon Dieu! Mon Dieu! Mais qu'est-ce qu'il vient foutre ici celui-la? ―dijo, olvidando sus orígenes. Había llegado como tantos turistas a pasar unas vacaciones sur la Costá Brravá, y se había quedado en aquel sucio corral («rien a voir avec la France!»...) donde todos admiraban sus erres roulées y donde papá gallo le había hecho tantas promesas.

―¡Qué guapa es! y qué bien anda... ―Patito la seguía con todos los demás, con los ojos empañados por la emoción―¡Qué bien se mueve mi mamá!...

El infierno no tardó en empezar. Allí nadie lo quería. Su mamá lo admitía a regañadientes. Era el último en comer y el que se las cargaba siempre en caso de peleas. Mon Dieu, pues así lo llamaban, empezó a sentirse desdichado. Su mamá pelirroja no lo amaba como él... Los días se le llenaban de tristeza. Andaba siempre solo, mirando con envidia a sus hermanos. Pasó el tiempo. Una tarde se sintió más que triste, más que solo, más que pequeño. Una tarde se armó de valor y se acercó a mamá gallina:

―Maman poule... (a ella le gustaba que la llamaran así)

―Mon Dieu! qu'est ce qu'il veut celui-là?

―Maman poule, estoy triste. No sé qué es lo que pasa ni por qué no me quieres...¿Por qué me estáis mirando siempre así?

Él hubiese querido dormir bajo sus alas rojas, jugar con sus plumas tan largas, sentir el calorcito de su pecho opulento...

―Mon Dieu! Écoute, j'en ai marre de te voir. Sauht! Va-t'en. Fous-moi le camp d'ici! Ça alors, qu'el cauchemar de tête!...

Sabía que la había enfadado, que le había dicho algo inconveniente, pero ¿qué le había dicho maman-poule? Era tan bella y tan exótica... No hablaba con los demás. Hacía años que estaba en el corral pero no se rebajaría nunca a aprender «cette langue barbare!».

Mon Dieu ya volvía a su rincón con el remordimiento de haberla disgustado. Un alma caritativa se le acercó:

—¡Que te largues! ¿No ves que no te quieren? Si es que no eres un pollo ¡cagoendiós! ¡Que eres un pato!

¡No era un pollo! No era de los demás. ¡Su mamá no era suya! No lo permitiría...

―Amo a mi mamá, mi mamá no me ama. Mi mamá no me mima― dijo, pues aún era muy pequeño. Y se fue.

El campo estaba hermoso aquella tarde, pero nada importaba. Se sentó en el camino debajo de tres o cuatro flores. Llegó la ardilla a saltos. El patito la encontró fea y rara pero, hecho a todo, le preguntó:

―Señora, ¿es usted mi mamá?

―¡Tu mamá! Pato feo...¿No ves que soy graciosa, soy sedosa...y saltosa? Tu mamá es una pata, patito poca cosa... ―y se marchó muy digna.

Mon Dieu respiró hondo.

―¡Menos mal!― Maman poule era más guapa, pensó.

Llegó la rana.

―¿Es usted mi mamá?

Cuando la rana habló tuvo miedo. Su mamá y ella tenían el mismo acento.

―Porr favorr. Soy la señoga Gana y aún no he tenido hijos, dada mi edad tempgana...¡Qué pato tonto!―Y se fue de un salto.

Llegó el pájaro y llegó la vaca... fueron viniendo muchos y ninguno era amigo ni era como él. Llegó también la noche, ancha y oscura. Mon Dieu tenía frío y hambre y desespero.

―¡Mamá! ¡Alguien! ¡Ayuda! ¡Tengo miedoooo!

Cuando la vio olvidó cada pena. Tan grande como un árbol, relucía como las mañanas.

―¿Me llamabas? Soy el hada de los patitos que se equivocan en los cuentos. Últimamente pasa bastante a menudo. La administración ha tenido que abrir una nueva sección sólo para vosotros. No es que te dé las culpas de nada, pero alguien tendría que cortar esto de raíz. No sabéis los problemas que nos dais...y el gasto que esto representa...

Mon Dieu no había entendido nada pero, enamoradizo como era, se imaginaba ya en los brazos regordetes y rosados. Inclinó la cabeza, entornó los ojos...

―¡Qué guapa es! Y esa estrella en la mano... qué detalle de gusto...

―No escuchas, no hacéis caso. Todo se os va en pedir ayuda. ¡Sois unos conformistas! Individualmente, nunca, óyeme bien, nunca, conseguiréis nada. ¡Agrupáos, asociáos, sindicáos! ¡En pie los patos de la tierra! ¡No te dejes hacer! Si estás interesado te pasaré unas cuantas direcciones...¡Cielos! ¡Tener que hacer proselitismo con estos desgraciaos! En fin, mi misión oficial era muy otra... Te concedo un deseo, lo que quieras... Piénsalo bien. Pero no te vayas a dormir, que tengo prisa...

Mon Dieu seguía mirándola de lado, su cabeza llegaba casi al suelo. El perfume del hada lo envolvía. El sueño, los sueños...

―Venga tío, ¿no entiendes? ¡Un deseo! ¿Qué quieres?

―¿Un deseo? ¿Que qué quiero?... ¿Qué quieres tú que quiera?... yo quiero ser feliz. No vivir como ahora. Me da igual cómo y dónde. Yo quiero ser feliz...

Hada no se inmutó.

―Otro pasota... ―lo miró con lástima.

―Sigue el camino. Al final encontrarás la luna. Allí está la felicidad. ¿Estás seguro?

―¿Al final del camino?

―Sí. Adiós.

Mon Dieu volvió a quedarse solo.

―Solo otra vez, pero por poco tiempo.

Echó a andar. Se balanceaba dulcemente, no podía remediarlo. Ahora le divertía...

―¿Será verdad?

¡Ah! el perfume de la noche...Las flores, las estrellas y las hadas...y la luna al final del camino...

Llevaba andando un rato cuando vio aquella luz tan blanca y tan redonda. No una, ¡dos! Dos lunas blancas y redondas. Dos lunas llenas de luna y de felicidad redonda. Por dos. ¿Cómo sería? Felicidad redonda y blanca. Caliente y redondita como el cuerpo del hada, como su maman-poule....Corría. Las lunas corrían hacia él. La felicidad era ya el aire tibio...

El frenazo lo llevó al séptimo cielo.